Demonios

Me tumbo en la cama
y apoyo mi cabeza
contra el colchón,
recogiendo mis piernas
como un perro
a punto de hacer palanca
con su cuello
y darse la vuelta
sobre si mismo.

Joder.

Parece mentira.

De los pies
sale un consquilleo
de los que plantean
salir corriendo…
pero me quedo.

Agarro el cuaderno
como estando a punto
de comenzar una trifulca…
y empiezo a lanzar mierda,
la rabia…
la rabia del que le oprimen,
la rabia de un talento
desperdiciado en vuestros
crímenes…
hijos del régimen.

No hay rabia enquistada
si el dolor no se guarda,
tras la ventana
aguardan fantasmas
traficando con serotonina,
y yo procuro mirar
hacia otro lado,
sin más equilibrio
entre bambalinas
que las cartas
que me tocaron
en lo de jugar la vida.

La puta vida.

Y yo en el límite.

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