La Universidad que queremos

Reproduzco a continuación el guión por escrito de la ponencia que dí en la última jornada de formación del Consejo de Alumnos de la Universidad de Sevilla al que acudí como invitado, y que servirá de base para una serie de artículos que tratarán de explicar las líneas concretas de reforma del Gobierno en cuanto a reforma universitaria se refiere:

“Resulta que estamos aquí por la subida de tasas y la reducción y endurecimiento de las becas, y podríamos decir que esto es culpa de Wert, un ministro malvado, polémico, mediocre…que con actitud chulesca lo que busca es fastidiarnos y provocarnos. Y algo de cierto tiene. Pero la realidad es que Wert es sólo la mano ejecutora de algo ya previamente acordado (como ahora pasaré a argumentar) y que no es un ministro mediocre, aunque si impopular, sino un Ministro que sabe en todo momento lo que está haciendo y que es cómplice de una estrategia más general de reforma estructural del país.

Como decía, lo que está haciendo Wert y aún le queda por hacer, no es nuevo. Es el resultado de la puesta en práctica, y mejoras a lo largo del tiempo, de un modelo concreto de Universidad que se adapta a la realidad de cada país. Este modelo es el modelo neoliberal de Universidad, la Universidad de la excelencia, la Universidad de la docencia, la investigación y la transferencia del conocimiento…la Universidad-Empresa.

Las palabras…en el tema que voy a tocar, podrían ser estas tres: Docencia, investigación, transferencia del conocimiento. No sé si habéis escuchado alguna vez estas tres palabras juntas, quizás a quienes venimos del “Proceso de Bolonia” nos suenen un poco más.

Informes, discursos, reportajes, conferencias, vídeos y carteles publicitarios, utilizan estas tres ideas como las tres “misiones” fundamentales de la Universidad. Estos tres pilares responden a una pregunta fundamental: ¿Qué es la Universidad? ¿Que es…? Una pregunta muy filosófica. Lo que es. Ante esta respuesta constante que se nos da, a mi se me viene la siguiente pregunta: ¿acaso la Universidad siempre fue docencia, investigación y transferencia del conocimiento?

Tratar de responder esta pregunta fue lo que me motivó a investigar sobre el pasado, el presente y el futuro de la Universidad. Lo estudiado hasta el momento probablemente no quepa en esta charla, pero ni hace falta que nos vayamos muy atraś en el tiempo ni que tampoco nos salgamos del material intelectual disponible en este país. Hay un discurso de Ortega y Gasset, famoso filósofo español como sabemos, que escribió una lección magistral acerca de las misiones de la Universidad, y ha sido un texto muy utilizado en toda la retórica de la docencia, la investigación y la transferencia del conocimiento.

Voy a comenzar utilizando una cita de dicha lección de Ortega y Gasset:

“La raíz de la reforma universitaria está en acertar plenamente con su misión. Todo cambio, adobo, retoque de esta nuestra casa que no parta de haber revisado previamente con enérgica claridad, con decisión y veracidad, el problema de su misión, serán penas de amor perdidas.”

Ortega y Gasset se toma muy en serio esta cuestión. Es ahí cuando Ortega decide que, para hablar de reforma universitaria, primero habría que hablar sobre cual es la misión de la Universidad. Pero Ortega en este texto no habla exactamente de docencia, investigación y transferencia del conocimiento como misiones de la Universidad. Habla de docencia,  lógico ¿no? En la Universidad se dan clases, la forman y se forma una misma como persona. Habla de investigación, claro, es lo que procura el avance de un conocimiento que pasará a ser docencia. Pero no hablaba de transferencia del conocimiento. Ortega y Gasset hablaba de cultura general y dentro de ella, como diría Heidegger en sus coqueteos con el nacionalsocialismo, del los “dirigentes y guardianes”, el liderazgo.

“La sociedad necesita buenos profesionales -jueces, médicos, ingenieros-, y por eso está ahí la Universidad con su enseñanza profesional. Pero necesita antes que eso, y más que eso, asegurar la capacidad en otro género de profesión: la de mandar. En toda sociedad manda alguien- grupo o clase, pocos o muchos. Y por mandar no entiendo tanto el ejercicio jurídico de una autoridad como la presión e influjo difusos sobre el cuerpo social. Hoy mandan en las sociedades europeas las clases burguesas, la mayoría de cuyos individuos es profesional. Importa, pues, mucho a aquéllas que estos profesionales, aparte de su especial profesión, sean capaces de vivir e influir vitalmente según la altura de los tiempos. Por eso es ineludible crear de nuevo en la Universidad la enseñanza de la cultura o sistema de las ideas vivas que el tiempo posee. Esa es la tarea universitaria radical. Eso tiene que ser, antes y más que ninguna otra cosa, la Universidad.

Si mañana mandan los obreros, la cuestión será idéntica: tendrán que mandar desde la altura de su tiempo; de otro modo serán suplantados

Considero personalmente esta cita clave para entender luego el debate que Manuel Sacristán, otro filósofo español, mantuvo a través del tiempo con Ortega y Gasset. Pues aquí se empieza a plantear una cuestión fundamental: la relación entre el modelo de sociedad y el modelo de universidad. Heidegger, que como ya digo llegó a escribir en varias ocasiones sobre el liderazgo en la Universidad aunque luego le saliera mal eso de ser Rector de Universidad bajo el nazismo, también hablaba de la aletheia, del desvelo, del descubrimiento de la realidad. Pues bien, quizás haya que empezar a quitar el velo del que el discurso oficial, dominante, se sirve para eludir siempre esta cuestión.

La universidad es docencia, es investigación y por lo tanto en relación a esta en un sistema capitalista también también tiene su parte de ganancia que es el desarrollo o transferencia del conocimiento, pero también es hegemonía. Hegemonía es algo que tiene que ver con el mandar. La Universidad es, podríamos decir los espacios de más alto nivel de creación y reproducción de hegemonía, de creación y reproducción del modelo de clases sociales realmente existentes.

Esta afirmación, que pudiera parecer arrogante sin aportar más argumentos, es el núcleo central de lo que voy a exponer ahora. La Universidad ha sido siempre el lugar de las élites políticas, sociales y económicas del momento. Sin embargo, hay un momento en la historia, que buena parte coincide con el crecimiento del sector público en la construcción del Estado del Bienestar, en el que podríamos decir que la clase trabajadora con aspiraciones de ascenso social iba masificando la Universidad y por lo tanto iba trastocando el sentido de la propia Universidad. Es entonces lo que se conoció como la “crisis universitaria”.

Para empezar la crisis universitaria es algo distinto a la crisis económica, aunque pudiera coincidir. Se que puede parecer una obviedad pero a veces me da la sensación de que con la repetición de la palabra crisis consiguen despistarnos y que se nos vaya el norte. La crisis universitaria podríamos decir que consiste en que esta institución, sea pública o privada, vea trastocada sus límites y por lo tanto empiece a tambalear sus fundamentos. Para empezar, la masificación de los titulos tira a la baja su valor en el mercado laboral, y esto lo hace entrar en crisis. Esto no es una cosa que Manuel Sacristán ponga encima de la mesa, es que hasta el gobierno actual reconoce esa situación. Pero la masificación de los estudiantes y de la propia institución también (y esto es lo que no dice y lo que no va a querer debatir el gobierno) pone en crisis la propia función de la reproducción de las clases sociales. ¿Por qué? Porque hay más gente, a grosso modo, que puede querer mandar. Como reconocía Ortega y Gasset, pudiera ser que otra clase social mandara en la Universidad.

¿Como responden las elites sociales, políticas, y económicas del momento ante el desafío de esta crisis? Pues tratando de adaptar la masificación, sin eliminarla dentro de lo posible pues sería algo impopular, a una situación en la que se siga reproduciendo la división social del trabajo. Que se puede ver mejor que nunca, eso si, en la crisis económica actual. La división social del trabajo, una sociedad dividida en clases sociales con intereses objetivos enfrentados.

¿Cómo logran adaptarse a esta situación? Pues en la ampliación de barreras jerárquicas que resuelvan las contradicciones que se van creando en dicha crisis, empezando por la segregación social en la educación más básica y terminando en los másters de lujo para quienes pueden permitírselo. Es ahí donde entra por un lado LOMCE y por el otro las tasas universitarias. Pero no es algo nuevo. La Universidad ha sido funcional en cada momento de desarrollo del capitalismo, y si lo llevamos a lo concreto del capitalismo desarrollado en este país.

Pues bien, en este momento de crisis económica se quiere resolver otra crisis cíclica que lleva padeciendo la Universidad y que, en su ultimo planteamiento, podríamos decir que empieza con el informe Bricall como el programa de reforma de la Universidad y cuyo comienzo legislativo podríamos fechar en el año 2007 bajo el discurso del Proceso de Bolonia a nivel europeo.

¿Cuales son las medidas que se han planteado y que se ha ido cumpliendo a lo largo de todo este proceso? Para empezar ya teníamos una Universidad relativamente masificada desde el final del franquismo y a lo largo de los 80 y 90, democratizada parcialmente y con un ascenso importante de Universidades privadas por todo el Estado.

Una vez llegados a esa situación, a finales de los 90 se propone toda una batería de reformas. Algunas os sonarán: subida de tasas, endurecimiento de las becas. Becas préstamo, su debido endeudamiento. Endurecimiento de las normativas de permanencia. Establecimiento de organismos de financiación mixta público-privada para explotar los recursos de la investigación. Fomento de la investigación aplicada por encima de la básica y financiarización de la misma. Fusión de centros y Universidades cual Cajas de Ahorros. Rankings universitarios. Reforma de la contabilidad de la universidad. Reforma de la democracia de la Universidad. Es decir, toda una reforma programática que se ha cumplido y la que queda por cumplirse.

¿En que situación nos encontramos, tras la publicación del último informe de expertos del Gobierno? Hemos pasado de una parte de la clase trabajadora más o menos acomodada o que quería ascender socialmente y que hasta cierto punto lo conseguía, en el que en muchos casos la precariedad laboral era un sacrificio necesario en una parte de su vida en la carrera, a que fuera creciendo una masa de universitarios que, o tienen mucha suerte y no niego que con mucho esfuerzo, o van a engrosar las filas de una legión de trabajadores precarios con ciertos conocimientos superiores que le permitan moverse en los trabajos cualificados de un mundo neoliberal, fragmentado, un mundo profundamente injusto.

Ante esto el gobierno se encuentra en un terrible dilema. Por un lado tiene que acometer las reformas, y sabe que estas son tremendamente impopulares, aunque a eso ya está más que acostumbrado. Pero por otro lado lo ha dejado para la segunda parte de la legislatura y, lo que sí teme el gobierno es que, ante una situación en la que muchos jóvenes se ven sin perspectivas de futuro, sin perspectivas de ascenso social, o directamente expulsados de la Universidad se vean movilizados y solidarizados con los que ya no tienen futuro. Y ante un duro ataque a la Universidad y la educación en general, empiecen a plantearse que quizás la conclusión principal no es “que malo es el gobierno que me quiere echar de la Universidad”. Sino que a lo mejor me echa de la Universidad, me endeuda, o me pone piedras en el camino porque quizás haya una relación entre el modelo de universidad y el modelo de sociedad. Y este es un debate sistemáticamente silenciado, ya que es un debate potencialmente peligroso para el poder.

Por mi parte no me quiero alargar más, así dejamos tiempo suficiente para el debate. Muchas gracias”

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